lunes, 6 de febrero de 2017

Diario de un resurreccionista - James Bailey.

Título: Diario de un resurreccionista.
Autor: James Bailey (editor original).
Año: 1896.
Editorial: La Felguera.
Valoración: 7/10.



Pese a lo interesante de la temática del mundo de los resurreccionistas, durante mucho tiempo parecía estar condenada a no salir de las bibliotecas británicas, quizás porque en el resto de Europa ha sido un fenómeno bastante desconocido. Por suerte, gracias a la iniciativa de la editorial española La Felguera podemos disfrutar de esta interesante obra bellamente ilustrada.


El fenómenos de los ladrones de cuerpos surge a finales del siglo XVIII y se mantuvo hasta 1832, cuando se dictó la Ley de Anatomía. Respondía la necesidad de los anatomistas de cuerpos frescos para poder dar formación suficiente a sus alumnos dado que el número de cadáveres que estaban autorizados a diseccionar era realmente escaso en proporción al de escuelas médicas. Los llamados resurreccionistas se dedicaban a desenterrar cadáveres de personas recientemente fallecidas y a venderlos a buen precio a los profesores de medicina, creándose a su alrededor toda una controversia social entre el progreso científico y el descanso de los difuntos.

Podemos decir que el libro se estructura en tres partes: la introducción de Juan Mari Barasorda sobre el mundo de los anatomistas y resurreccionistas, la introducción original a la obra elaborada por James Bailey, y, finalmente, el diario del resurreccionista.


Y lo cierto es que quizás la tercera parte, y que precisamente le da título al libro, pese a su innegable curiosidad histórica, sea la que menos nos aporta sobre este oscuro mundo. De hecho, es la parte menos extensa del libro.

La aportación más interesante, sin desdeñar la anterior, es la realizada a través de los dos estudios introductorios previos. Estos nos adentran verdaderamente en el mundo de los ladrones de cadáveres, donde podemos saber desde las técnicas que empleaban para hacerse con los cadáveres hasta los métodos que pusieron en práctica las autoridades para evitar que el descanso de los muertos fuera interrumpido y acabaran en mesas de disección.

La lectura está repleta de curiosidades, y además nos invita a descubrir cuáles fueron los casos que conmocionaron a la sociedad de la época, tanto en Inglaterra como en Escocia.

El libro está repleto de fotografías en blanco y negro, desde dibujos extraídos de Tratados de Anatomía a ilustraciones de la época, sin olvidar de fotos curiosas de cementerios que se conservan hoy en día o dibujos de las patentes de los ataúdes "anti-resurreccionistas".

Destaco sobre todo la primera parte del libro por ser una lectura muy amena y bien documentada. La segunda parte, que corresponde a la introducción original, es un poco más árida en su estilo y en ocasiones abusa de la enumeración exaustiva de datos, pero está igualmente repleta de información relevante.

En suma, se trata de un libro muy entretenido e interesante sobre uno de los aspectos más curiosos y controvertidos del mundo de la medicina.