martes, 11 de mayo de 2010

El origen de las cosas: historia de los guantes desde los Griegos hasta el siglo XIX.

La necesidad de buscar una protección para la mano motivó la aparición del guante desde épocas muy remotas. Jenofonte habla en su Ciropedia de los maravillosos guantes que llevaban los persas durante el invierno, y Homero los menciona cuando Ulises va a visitar a su anciano padre que se encontraba trabajando en el jardín con unos guantes.

Pero tras la caída de los grandes imperios, el guante subsiste gracias al clero, que lo utiliza en sus ceremonias litúrgicas para que los sacrificios fueran consumados en manos puras y limpias. Durante la Edad Media los guantes suelen ser de seda y su dorso se adornaba haciendo alarde de lujo y riqueza. Será a partir del siglo VI cuando comienzan a utilizarlos también los seglares. La leyenda de Beowulf o "La Chanson de Roland" mencionan esta prenda como un complemento empleado por las personas distinguidas. No obstante, hay que destacar que estas primeras versiones eran mitones, es decir, guantes sin dedos, y que no sería hasta más adelante cuando se confeccionaron con dedos.

Es a partir del siglo XI cuando las damas comienzan a utilizar guantes. Continuaron siendo considerados como objetos de gran valor y muy costosos, que deriva de los refinados materiales que se empleaban en su confección como pieles o seda, y que se adornaran con piedras preciosas. En el siglo XIII el guante se ha convertido en prenda imprescindible para ambos sexos. Durante este periodo, los anillos se llevaban o bien encima del guante, o se practicaba una abertura en éstos para que fueran visibles. Al mismo tiempo la entrega de un guante significaba la prestación de poder que un poderoso hacía a un inferior. En la vida caballeresca, golpear a un caballero con un guante era un signo de ofensa y desfío. Cuando una dama regalaba un guante a un caballero, significaba que esperaba de él una prueba más completa y evidente de su fervor.

El protocolo del siglo XVI era muy estricto en el uso de los guantes. Un caballero debía conducir a su esposa con manos enguantadas, pero era símbolo de finura y educación el quitárselos cuando la sacaba a bailar. Entregar o recibir objetos con las manos enguantadas era asímismo considerado como una terrible falta de respeto. Durante este siglo también se convirtió en costumbre el perfumar los guantes, iniciándose en Francia, y siendo especialmente apreciados la calidad y perfume de los guantes españoles.

A partir del siglo XVII los guantes fueron perdiendo en suntuosidad. Aunque desaparecieron del atuendo masculino, se mantuvieron en el femenino debido a la moda de las mangas cortas. Pero mientras el siglo XVIII había desterrado los guantes hasta hacerlos casi desaparecer, el siglo XIX los recuperó y fueron utilizados de nuevo incluso por los caballeros. Un caballero inglés, según las memorias del Conde d´Orsay, necesitaba seis pares de guantes por día, y todos ellos distintos.

En lo que respecta a las señoras, que nunca llegaron a despojarse de ellos, la moda que impera durante el siglo XIX es la de los mitones, guantes sin dedos, que les permitían comer, tocar el arpa o el piano mientras los llevaban puestos. Durante mucho tiempo, el color de moda en el guante femenino fue el amarillo. Sobre su largo, llegaban bien hasta la muñeca o bien hasta el codo. Pero a partir de 1870 comenzaron a ponerse de moda los guantes oscuros combinados con trajes claros. Sin duda lo que hay que destacar de este período es que el guante se convirtió en el complemento esencial de las señoras, y ninguna se atrevía a salir a la calle o a asistir a fiestas de sociedad sin los guantes puestos. Al mismo tiempo se convirtió en símbolo de amor, de manera que era costumbre que los caballeros llevaran un guante de su amada guardado sobre el corazón.

Fuente: Accesorios de la Moda, Diccionario Enciclopédico Salvat.